Tuesday, March 07, 2006

Vida social

Hacer vida social genera más vida social, y viceversa, sin vida social es muy difícil encontrarla. Romper ese círculo suele ser muy complicado. Generalmente, las personas solitarias o asociales, que no antisociales, se quejan mucho de esta dificultad. Pero casi nadie ve un problema en lo contrario: el exceso de vida social es agotador y costoso. Sería imposible calcular la cantidad de horas invertidas en mi vida tan sólo en fomentar y mantener mi círculo de amistades. Además, como todo negocio, no puedes despistarte ni un segundo, porque un bajón en tu ritmo provoca generosas pérdidas, a veces imposibles de recuperar. La vida social es como la economía: si va bien, supone un crecimiento continuo; un estancamiento supone un fracaso.

Inmersa en una vida social vertiginosa, que ocupaba más tiempo que mi vida académica/profesional, toqué techo, o fondo, según se mire. El límite de mis fuerzas ha llegado. Necesito veinte clones para cubrir mis necesidades sociales.

¿Necesidades?

En diversas ocasiones he tratado el problema de la necesidad con el Lobo Estepario. Él es un experto en este tema, ya que él vive sumido en una lucha personal constante en busca del discernimiento entre necesidad y voluntad. Tal proceso de conocimienro supone un sufrimiento que no estoy dispuesta a pagar, aún. Pero él sí.

La cuestión es qué hacemos por necesidad y qué hacemos por voluntad. ¿Amamos por necesidad o por la voluntad de querer querer? ¿Tenemos amigos porque los necesitamos o porque lo elegimos voluntariamente?

En mi opinión, la cuestión no se mueve en términos de necesidad versus voluntad, sino que podría moverse en los términos de necesidad versus generosidad o cooperación. Con generosidad me refiero a la intención de hacer feliz a los que te rodean, al mismo tiempo que eso redunda en un beneficio personal. Claro que en cuestiones como al amor o la amistad, eso implica un cierto egocentrismo: te regalo mi amistad, es decir, te honro con mi afecto, te permito ser amigo de alguien como yo, conmigo serás más feliz que sin sí. Suena presuncioso, sin duda.

Debatiéndome en tales dilemas, decidí dar un golpe de timón y cambiar mi ritmo. Agarré la soledad y me fui con ella, al margen de momentos de flaqueza en que ansiaba volver a mi aceleramiento habitual.

Ese rumbo se torció desde el comienzo al chocarme por accidente con alguien que no podía dejar escapar. Suponía un cambio en mis planes y una traición a mis intenciones, por lo tanto, un conflicto de valores. Inconscientemente, sustituí la palabra sola, por la expresión sola contigo. Eso me daba margen para encontrar esos tiempos de soledad ansiados, al mismo tiempo que no renunciaba al tesoro hallado. No era la primera vez que lo hacía y, por tanto, conocía las consecuencias a medio plazo. Es muy fácil saltar de un sola contigo a un no sin ti, o a un sin ti, nada. Estas últimas situaciones son peligrosas, y hay que intentar siempre huir de ellas como sea. Pero por otra parte, la solución no era comenzar un nuevo círculo que generara una nueva espiral imparable. ¿Dónde hallar el equilibrio?

Aún no conozco la respuesta a esta pregunta y , por favor, si alguien la sabe, que me la cuente. De momento, he sustituido la palabra sola por la expresión ahora sola o, mejor dicho, aprovechando que estoy sola... Hay ciertas cosas que requieren tiempo de reflexión y asimilación, ambas imposibles si vives sumido en un maremágnum de caos.

He renunciado voluntariamente a mi vida social y no me importa, porque no la necesitaba...


1 comment:

Coca said...

No debes tener nunca ni muchos ni pocos amigos, sino los suficientes. Lo mismo vale para los enemigos. (anónimo)